Sobre nosotros

Todo empezó con un cuenco de agua que mis gatas apenas tocaban.

Hasta que un día dejé el grifo del baño goteando y Bichito se plantó ahí sin moverse. Si lo cerraba, maullaba hasta que lo abría otra vez. Resulta que a los gatos el agua quieta no les dice nada; la que corre, sí. Así que compré una fuente.

Cumplía su función. El problema era que parecía sacada de una gasolinera: un bloque de aluminio gris con pinta de "producto de mascotas" a kilómetro y medio. En mi cocina, toda en negro, se veía fatal. Fatal de verdad.

Fui a buscar algo mejor y encontré siempre lo mismo: plástico, colores chillones, diseños pensados para una balda de tienda, no para una casa con algo de criterio. Como si tener gato te obligara automáticamente a tener mal gusto para decorar el hogar.

Ahí nació KOTASHI. El nombre es japonés, y no es casualidad: sueño con vivir en Japón algún día, y esa calma minimalista es la que quiero meter en cada cosa que hagamos. Mizu, "agua" en japonés, es la primera.

No vendo "accesorios para mascotas". Vendo la solución a ese problema: un objeto que aguante la comparación con cualquier otra cosa bonita que tengas en casa, para que nadie que entre por tu puerta piense que vive ahí "la loca de los gatos".

Esto es solo el principio: cada pieza que saquemos se acercará más a la cerámica, al detalle, a la casa que tengo en la cabeza.

Todavía me acuerdo de aquel trasto gris en mi cocina negra. KOTASHI existe para que a ti no te pase lo mismo.

Quiet objects for loud little animals. Ese es el lema, y así quiero que se sienta cada cosa que hagamos.

Francesc, fundador de KOTASHI